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5 pasos para acercarte a alguien con demencia (y no perderte en el intento)

  • Foto del escritor: Montessori Senior
    Montessori Senior
  • 12 sept
  • 2 Min. de lectura

El otro día me contaron que Ramón estaba “a lo suyo”. Yo, desde la puerta, dije su nombre con la voz de siempre. Nada. Ni un gesto. Me acerqué un poco más, puse mi mano sobre la mesa (su mesa) y esperé.

Entonces me miró. Solo un segundo, pero fue suficiente para colarnos en el mismo momento.

A veces creemos que acercarse es hablar.

En demencia, acercarse empieza por mirar, sentir el ritmo del otro, y pedir permiso con el cuerpo.


Hoy quiero dejarte cinco pasos sencillos (muy Montessori) para que tu acercamiento sea más humano y menos a la fuerza.


1) Llega despacio (y desde delante)

No entres como una notificación. Sitúate a su altura, preferiblemente de frente, y haz una breve pausa para que el cerebro te “procese”. En demencia, el tiempo de reacción no es un capricho: es la diferencia entre alarma y calma. Un gesto suave con la mano a la vista vale más que diez palabras.


2) Conecta primero la emoción, luego la razón

Si la emoción está herida, la lógica no arranca. Antes de pedir, valida: “Veo que estás concentrado”, “parece que hoy cuesta un poco”. Una respiración juntos, un tono cálido, y después solo después la invitación.


3) Usa una invitación concreta (y alcanzable)

Nada de discursos. Una frase, una acción. “¿Te vienes conmigo a por el vaso azul?” Es clara, visual y con principio y final. Las tareas pequeñas devuelven sensación de control.


4) Ofrece participación real

No “hacemos por ti”, hacemos contigo. Que lleve el pan, doble servilletas, riegue una planta. Son micro-roles con sentido: sostienen identidad y pertenencia. La vida cotidiana es el mejor taller de terapia ocupacional.


5) Cierra con agradecimiento (y deja una huella amable)

Un “gracias, me ha ayudado mucho” ancla el recuerdo emocional, aunque el hecho se olvide después. Lo que queda es cómo nos hicieron sentir.


Dos manos se encuentran sobre una mesa; invitación tranquila a empezar juntos.

¿Por qué funciona este enfoque?

Porque el método Montessori para el envejecimiento parte de tres claves: propósito, pertenencia y dignidad. Preparas el ambiente, adaptas la tarea a la persona y pones el vínculo primero. No hay fuegos artificiales: hay rutina con sentido. Y rutina con sentido = días más tranquilos para todos.


Situaciones reales, ideas rápidas

  • Se niega a levantarse: baja la luz, quita ruido, ofrece una razón cercana: “me ayudas a encender la vela de la mesa”.

  • Se pierde en el baño: señalética clara a la altura de los ojos, contrastes de color, y una guía breve: “te acompaño”.

  • Se enfada con la ropa: reduce opciones a dos (“¿camisa azul o jersey gris?”) y valida antes de elegir.


Si trabajas en una residencia

Este enfoque multiplica su impacto cuando toda la casa juega a lo mismo: equipos formados, ambientes preparados y rutinas diseñadas para invitar (no imponer). Podemos ayudarte a convertir tareas sueltas en vida cotidiana con sentido.


Si cuidas en casa

Empieza pequeño: un cajón de tesoros sensorial, una bandeja con dos actividades, una mesa despejada con un “rol” para hoy. Observa qué le calma, qué le interesa, qué hace brillar los ojos. Ahí está el mapa.



Acercarse a alguien con demencia es aprender otro idioma. No hace falta ser bilingüe perfecto; basta con querer entender. Paso a paso, gesto a gesto.



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